Categorías

“¡Mamá, me aburro!”

23/10/2017· Psicopedagogía

Hay pocas frases en boca de un niño a la que le tengamos tanto miedo. Parece activar de pronto en nosotros el motor de búsqueda de actividades, alternativas, objetos y juegos que obliguen a cambiar de estado inmediatamente.

Y es comprensible. Desde los primeros momentos de vida, se espera del adulto que provea al niño de lo necesario para cubrir sus necesidades, aliviar la incomodidad física y emocional. Y nos tomamos esa responsabilidad muy en serio: alimentamos al bebé si tiene hambre, cambiamos sus pañales si se hizo pis, lo acunamos si tiene que dormir.

Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, también esperamos del niño que sea capaz de gestionar con una autonomía creciente esas mismas capacidades: por eso le enseñamos a comer solo, le compramos un orinal o, poco después lo acostamos y marchamos al apagar la luz.

Con el juego pasa lo mismo. Al principio al bebé se le acercan los juguetes que le parezcan más atractivos, apartando del alcance objetos que puedan ser perjudiciales. Más adelante, el niño descubre que hay unos objetos dispuestos en alguna caja o en alguna habitación para que pueda jugar y le encanta hacerlo con otros niños o con un adulto para compartir ese momento de relajación y creatividad.

Crecer también significa pasar a la siguiente etapa del juego, donde debemos ser capaces de planear nuestras propias tareas, generar nuestras propias ideas e inventar nuestros propios objetos. Pero para planear, generar e inventar es necesario tener este tiempo “vacío”, ese “silencio” mental en el que las ideas se puedan hacer oír. Mucha gente lo llama aburrimiento.

El neurocientífico Facundo Manes los expresa así: “los chicos tienen que estar aburridos, tienen que estar introspectivos, tienen que imaginar, tienen que soñar. Si están todo el día conectados no pueden hacerlo. Tienen que volver a esa etapa donde nos aburríamos. Los chicos tienen que estar en la mesa mirando a los padres a los ojos y disfrutando del contacto personal con los amigos, sin el teléfono en la mano o siempre con el Facebook o los jueguitos.”

Si pensamos en nuestra infancia, posiblemente recordemos los juegos a la hora de la siesta. Por tanto, aunque el aburrimiento sea un estado de aparente incomodidad, puede convertirse en un excelente caldo de cultivo para el pensamiento creativo. No privemos a los niños de esa excelente oportunidad.

 

Luciana Maccio Pennisi

Psicopedagoga

Centro Psicoterapéutico Bayona

Nuestro objetivo es abordar la problemática de cada persona desde una perspectiva particular en donde los profesionales del centro trabajan de manera coordinada.
Le asesoramos sin compromiso.

Atendemos tanto en inglés como en francés. Contacte con nosotros mediante e-mail, teléfono o venga a visitarnos a nuestro centro psicoterapéutico en Baiona.